Opio en las nubes - Rafael Chaparro

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jueves, 21 de mayo de 2009

¿SOLO?


Nunca, te había sentido tan fría al hacer el amor...
desde que moriste.
Cerró el ataúd.

Por: Jose Ortega

La Novia


Todas las noches la visitaba, permanecía en silencio, no lo hacían desistir los rumores sobre su semblante sombrío. Ella, prefería las rosas rojas, y los amaneceres en la primavera. Se sentaba junto a ella, no articulaba palabra alguna; esperaba con resignación. Cuentan que una horrible noche, rompió el mármol abandonado, cavo con sus manos la húmeda tierra, y saco la osamenta fría. Cubrió de besos sus desnudos labios, corono de rosas el yerto cráneo, y le conto sonriendo sus amores. La recostó a su lado, y en un tierno abrazo, celebro sus bodas con la muerta, y para siempre se quedó dormido, al rígido esqueleto abrazado.

Por: José Ortega



Siete

Entró al salón, puso su mano izquierda sobre un viejo libro, con la otra hizo una extraña señal, dijo: “Si lo prometo”. Camina hacia la silla, se sienta, cruza las piernas con una extraña sensualidad, hace una leve pausa.” Bastara con decir que soy Juan Pablo Jaramillo”. Saca algo de su cartera y se retoca el rostro. “Pero preferiría que me dijeran Vanessa”. Cierra la cartera. “Siete años, solo siente años tenia cuando nos abandono”. Evoca. “Al regreso del funeral, me prometió que siempre me cuidaría, así lo hizo cada día, cada noche, éramos solo él y yo”. Hace una corta pausa, se descompone su rostro. “Aún recuerdo esa noche…llovía…regreso a casa, había tomado”. Saca un cigarrillo. “¿Le molesta si fumo?”. Lo enciende. “Busco en mi el calor de la mujer que había perdido”. Se detiene, fuma. Se pone en pie, camina.” Cada noche durante varios años, el asqueroso secreto entre él y yo se repetía”. Sonríe tristemente. “Cuando tenía siete, todo cambio”. Observa alrededor, aspira el cigarrillo.” Esa noche no fue solo él”. Fuma lentamente. “Me compartió con todos sus amigos”. Fuma, se toca el cuerpo con asco, desgarra su vientre con las uñas. “Aún recuerdo, como uno a uno desfilaban sobre mi…dentro de mi. Fuma”. “Eran siete”. Saca una lima, se arregla las uñas. “A la siguiente noche lo espere”. Fuma. “Como siempre”. Sonríe. “Esta vez no me penetro las entrañas”. Silencio, rabia, empuña la lima, la dirige hacia su cuerpo. “¡Yo a él, si, le penetre las entrañas, su asqueroso cuerpo, con mi afilado cuchillo, hasta desgarrarle las vísceras!” Se calma, guarda la lima. “Esa noche, no dormiremos juntos”. Sonríe, con ternura, inocencia. “Nunca mas”. Observa, se pone en pie, camina a la salida, gira su rostro bruscamente, con decisión. “¿Qué como me declaro?”. Se escuchan en todo el recinto sus carcajadas. “Esta puta marica se declara inocente” Retorna a su rostro, esa extraña expresión inicial, y concluye. “Hasta los siete”.

Por: Jose Ortega

miércoles, 20 de mayo de 2009

Útero

En el silencio también se oye, es gris. He empezado a acostumbrarme a este lugar, es frío. La oscuridad de vuelve mi mejor aliada, es larga. Confina mis movimientos, duele, es eterna. Me siento amorfo, torpe, blando. Es difícil respirar, es húmedo. Un movimiento me empuja al exterior, me resisto, estoy cómodo. Lucho, pierdo. Es difícil respirar, oigo poco, es gris. Es frío, no me muevo, me duele. Distingo borrosas siluetas, sin forma se alejan. Alguien me prepara, duele, estoy frío, gris, la espera es larga. El lugar es parecido, oscuro, gris, húmedo, es tierra.

Es tierra, estoy muerto. Va a ser más largo ahora.


Por: José Ortega